El Principito – Capitulo XIX

El principito escaló hasta la cima de una alta montaña. Las únicas montañas que él conocía eran sus dos volcanes que le llegaban a la rodilla y el extinguido que utilizaba como taburete. El principito se dijo a sí mismo: “Desde una montaña tan alta como ésta, podré ver todo el planeta y a todos los hombres…” Pero no alcanzó a ver más que algunas puntas de rocas muy afiladas.

–¡Buenos días! –exclamó el principito al azar.
–¡Buenos días!… ¡enos días!… ¡…días! –respondió el eco.
–¿Quién eres tú? –preguntó el principito.

–¿Quién eres tú?… ¿…eres tú?… ¿…tú?… –contestó el eco.
–Sean mis amigos, estoy solo –dijo el principito.
–Estoy solo… …solo …olo… -repitió el eco.
“¡Qué planeta más raro! –Pensó entonces el principito–, es seco, puntiagudo y salado. Sus habitantes carecen de imaginación; no hacen más que repetir lo que uno dice… En mi tierra tenía una flor y era siempre la primera en hablar…”

 

 

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